En el mundo se estima que hay entre 8 y 9 millones de personas afectadas de párkinson. Se trata de la segunda enfermedad neurodegenerativa más común en la actualidad después del alzhéimer. A nivel mundial es la enfermedad neurológica que está aumentando más rápidamente su frecuencia ―el número de casos se ha duplicado en los últimos 25 años― y su prevalencia seguirá creciendo a medida que la población envejezca.
Se conoce comúnmente como enfermedad de Parkinson en referencia a James Parkinson, el doctor que la describió por primera vez en 1817 en su monografía Un ensayo sobre la parálisis agitante (An essay on the shaking palsy).
Se trata de una afección degenerativa del cerebro que afecta al sistema nervioso de manera crónica y progresiva. Está asociada a síntomas motores ―lentitud de movimientos, temblores, rigidez y desequilibrio― y a una amplia variedad de complicaciones no motoras, como el deterioro cognitivo, los trastornos mentales y del sueño, y el dolor y las alteraciones sensoriales. La progresión de estos síntomas da lugar a altas tasas de discapacidad que generan necesidades de atención sociosanitaria permanente. Numerosas personas con la enfermedad de Parkinson también desarrollan demencia durante el transcurso de la enfermedad.
Se desconocen las causas de la enfermedad, pero se cree que puede deberse a una compleja interacción entre los factores genéticos, los ambientales y los derivados del propio envejecimiento del organismo, y afecta más a los hombres que a las mujeres. Se desarrolla cuando las neuronas que producen dopamina (neuronas dopaminérgicas), ubicadas en una región del cerebro denominada sustancia negra, degeneran y mueren. No obstante, aunque se ha vinculado con alteraciones en distintos procesos celulares, todavía se desconoce la causa de este proceso de neurodegeneración.
Aunque se trata de un trastorno neurodegenerativo sin cura todavía, existen algunos tratamientos farmacológicos y terapias que mejoran los síntomas de las personas afectadas. Sin embargo, los tratamientos actuales solo son efectivos para controlar los síntomas motores iniciales de la enfermedad. A medida que la enfermedad progresa, se vuelven ineficaces. Existe por tanto una necesidad urgente de desarrollar tratamientos para prevenir o, por lo menos, ralentizar el progreso de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
En la actualidad tres proyectos de investigación que cuentan con el apoyo de la Fundación ”la Caixa” están trabajando para avanzar en la comprensión de las causas del proceso de neurodegeneración y poder así mejorar el diagnóstico temprano y desarrollar nuevos tratamientos. ¿En qué consisten? ¿Qué avances se han conseguido?
Se ha observado que, con el tiempo, las neuronas dopaminérgicas empiezan a acumular un pigmento oscuro hasta que degeneran y mueren. Se trata de un pigmento similar a la melanina de la piel denominado neuromelanina. Las neuronas que acumulan más neuromelanina son las que degeneran de manera preferencial. El equipo del doctor Miquel Vila ha desarrollado un nuevo modelo animal experimental de párkinson que está abriendo nuevas vías para investigar la enfermedad y sus futuros tratamientos. Han generado ratones de laboratorio que producen una neuromelanina similar a la que se acumula en los cerebros humanos envejecidos, para poder así estudiar cómo afecta la acumulación progresiva de neuromelanina al funcionamiento y la supervivencia de las neuronas. El objetivo es encontrar nuevas terapias que eliminen o frenen la acumulación de neuromelanina para poder atenuar o incluso prevenir la enfermedad. Su trabajo ha sido reconocido por la Michael J. Fox Foundation como uno de los adelantos más destacados en el ámbito.
Todavía se desconoce la causa del proceso de neurodegeneración. La hipótesis más extendida sugiere que la enfermedad progresa desde el sistema nervioso periférico hacia el cerebro, pasando por la sustancia negra y extendiéndose, en las etapas avanzadas, hasta la corteza cerebral. El equipo del doctor Foffani investiga una nueva teoría en la que se propone que la corteza cerebral juega un papel importante en el origen de la patología. Los resultados obtenidos hasta ahora evidencian una alteración cortical temprana, lo que abre la puerta a la detección precoz del párkinson y a la posibilidad terapéutica de actuar sobre la corteza, por ejemplo, a través de técnicas de neuromodulación no invasiva, para modificar la progresión de la enfermedad.
El desconocimiento de las bases moleculares de la enfermedad ha limitado significativamente el desarrollo de fármacos. Se sabe que se trata de una enfermedad relacionada con la agregación de una proteína llamada alfa-sinucleína a las neuronas dopaminérgicas, lo que lleva a su degeneración y muerte. El grupo de investigación liderado por el doctor Ventura ha descubierto una serie de moléculas con el potencial de atacar los estadios iniciales de la enfermedad y de detener o enlentecer su progresión gracias a su capacidad para inhibir, bloquear o disgregar los agregados tóxicos de la alfa-sinucleína, que son los que causan esta progresión, lo que podría conducir al desarrollo de tratamientos innovadores contra el declive neurodegenerativo.
Ponentes:
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Miquel Vila, profesor ICREA y director del grupo de investigación en Enfermedades Neurodegenerativas del Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR).
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Guglielmo Foffani, investigador y coordinador científico en el Centro Integral de Neurociencias (HM CINAC).
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Salvador Ventura, profesor y director del grupo de investigación de Plegamiento de Proteínas y Enfermedades Conformacionales del Instituto de Biotecnología y Biomedicina de la Universidad Autónoma de Barcelona (IBB-UAB).
Moderador:
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Mayte Antona, redactora jefa de la sección de sociedad de la agencia de noticias Servimedia.
Proyectos con apoyo de la Fundación ”la Caixa”:

