La endometriosis es una enfermedad crónica, sistémica e inflamatoria que afecta aproximadamente a una de cada diez mujeres en edad reproductiva. A pesar de lo frecuente que es —hay más de 190 millones de mujeres que la sufren en el mundo y alrededor de un millón en España—, continúa siendo, paradójicamente, una de las patologías más desconocidas y con mayor retraso diagnóstico. En el caso de muchas mujeres, pasan entre 8 y 10 años hasta que obtienen una explicación a sus síntomas, con un impacto profundo en su salud física, emocional, sexual y reproductiva.
La enfermedad aparece cuando tejido similar al que recubre el interior del útero crece fuera de él. Puede implantarse en la cavidad pélvica alrededor del útero, en los ovarios, en los ligamentos uterinos, en la vejiga o en el intestino. Aunque está fuera de lugar, este tejido responde a las hormonas del ciclo menstrual: se inflama y sangra cada mes, y no puede eliminarse de forma natural, lo que provoca dolor y, con el tiempo, puede generar adherencias y afectar al funcionamiento de distintos órganos.
El síntoma más frecuente es un dolor menstrual intenso que muchas mujeres aprenden a considerar «normal» desde muy jóvenes. Esta normalización del dolor es una de las principales razones por las que la enfermedad no se detecta antes. Pero la endometriosis no se limita a molestias durante la menstruación: puede producir dolor en otros momentos del ciclo, molestias al mantener relaciones sexuales y dolor al ir al baño. Muchas mujeres conviven con un dolor crónico que afecta a su actividad diaria, al trabajo, al descanso y a su bienestar emocional. Son frecuentes también el cansancio extremo, las molestias digestivas y los problemas urinarios.
La repercusión reproductiva es uno de los aspectos más relevantes. La endometriosis es una de las principales causas de infertilidad femenina. Puede dañar los ovarios, reducir la calidad ovárica, alterar el funcionamiento de las trompas de Falopio o dificultar la implantación del embrión. Para muchas mujeres, el diagnóstico llega cuando intentan quedarse embarazadas y encuentran dificultades.
Un problema añadido es que la enfermedad no cuenta con una prueba sencilla que permita diagnosticarla de forma precoz. No hay un análisis de sangre específico y, en fases iniciales, las lesiones no siempre se ven en una ecografía. Cuando finalmente se identifica, la enfermedad ya ha avanzado, lo que hace más compleja su atención.
La causa exacta de la endometriosis aún se desconoce, aunque se cree que combina predisposición genética con factores inmunológicos, hormonales y ambientales. En los últimos años, la investigación ha explorado el papel de los disruptores endocrinos —presentes en plásticos, cosméticos o alimentos procesados— y su posible contribución al desarrollo y progresión de la enfermedad. También gana peso el estudio de la relación entre alimentación, microbiota intestinal y salud uterina, una línea emergente que podría ayudar a entender mejor la diversidad de síntomas.
Aunque hoy por hoy no existe una cura, sí hay tratamientos que mejoran considerablemente el día a día. Los analgésicos y los tratamientos hormonales pueden reducir el dolor y frenar la actividad del tejido que crece fuera del útero. En casos seleccionados, la cirugía permite extirpar estas lesiones, especialmente cuando causan dolor muy intenso o comprometen la fertilidad. Además, enfoques complementarios como la fisioterapia, el apoyo psicológico, la nutrición y la gestión del estrés están demostrando ser útiles para mejorar la calidad de vida.
La investigación es fundamental para mejorar la detección temprana, comprender mejor las causas de la enfermedad y desarrollar nuevas opciones terapéuticas. En este debate participan tres especialistas que representan enfoques complementarios y decisivos.
Francisco Carmona lidera el proyecto ENDO‑HEALTH, que estudia el impacto sanitario y social del retraso diagnóstico. Su equipo está desarrollando una herramienta digital que permitirá un seguimiento más eficiente y personalizado de las pacientes sin sobrecargar el sistema sanitario. Además, trabajan con institutos para explicar la enfermedad a adolescentes y reducir el estigma y la normalización del dolor desde edades tempranas. Este enfoque educativo es clave para evitar futuros diagnósticos tardíos.
María Luisa Sánchez‑Ferrer investiga indicadores biológicos que puedan ayudar a identificar qué mujeres tienen más riesgo de desarrollar formas más complejas de la enfermedad. También estudia el efecto de la endometriosis en el bienestar físico y emocional de las afectadas. Junto a Pilar Coy trabaja en un nuevo dispositivo para recoger fluido del interior del útero de forma poco invasiva y menos dolorosa que una biopsia tradicional, un avance que podría facilitar diagnósticos más tempranos y precisos.
Por su parte, Juan Antonio García Velasco, referente internacional en reproducción asistida, estudia cómo afecta la endometriosis a la fertilidad y trabaja en estrategias para mejorar los resultados reproductivos de estas mujeres. Investiga también opciones terapéuticas que permitan reducir el dolor y controlar la enfermedad sin recurrir a cirugías innecesarias.
Gracias a investigaciones como estas se avanza hacia una detección más temprana y un tratamiento más eficaz. Pero mejorar la atención de la endometriosis también requiere un cambio cultural: dejar de asumir que el dolor menstrual es normal, escuchar a las pacientes y situar esta enfermedad en la agenda de la salud pública. Solo así podremos reducir el sufrimiento y el impacto que aún soportan millones de mujeres en España y en el mundo.
Ponentes:
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Francisco Carmona, director de la Unidad de Endometriosis del Hospital Clínic de Barcelona (HCB) y profesor titular en la Facultad de Medicina de la Universitat de Barcelona (UB).
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María Luisa Sánchez-Ferrer, jefa de sección de Ginecología y Obstetricia en el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia (HUVA), investigadora principal en el Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria Pascual Parrilla (IMIB) y catedrática de Ginecología en la Universidad de Murcia (UM).
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Juan García-Velasco, director científico de IVIRMA Global, director de IVI Madrid, catedrático de Ginecología de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC) y miembro de la comunidad de becarios de la Fundación ”la Caixa”.
Moderadora:
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Raquel Bonilla, redactora en A Tu Salud, el suplemento de salud publicado por La Razón.
Proyectos con el apoyo de la Fundación ”la Caixa”:

